La digitalización impone grandes desafíos económicos. Hay que conjurar el riesgo de pérdida de empleo, recualificar a una parte de los trabajadores y proveer de rentas a quienes no puedan adaptarse

Trabajo y tecnología han discurrido siempre de la mano. La tecnología es obra del trabajo humano y este ha resultado siempre modelado en sus principales características por la propia tecnología. Hoy está sucediendo nuevamente. Se emplean diferentes denominaciones para nombrar el fenómeno. Cuarta revolución industrial, industria 4.0, economía digital o, por utilizar uno de los más nombrados y reconocidos libros al respecto, second machine age, de Brynjolfsson y McAfee. Para ellos, la primera gran ola de transformaciones del mundo del trabajo se produjo en la Revolución Industrial, que impactó fundamentalmente sobre los trabajos desarrollados con base en la fuerza física; hoy los avances tecnológicos impactan fundamentalmente sobre los trabajos desarrollados con base en nuestra capacidad intelectual, por lo que estamos, según estos autores, ante la segunda gran ola de transformaciones del mundo del trabajo. En todo caso, cualquiera que sea la denominación que se utilice, el rasgo común que todas quieren significar son los efectos que está produciendo la aplicación de los avances científicos y tecnológicos en los procesos productivos de bienes y servicios.

 

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